Sentada en unas escaleras de caracol, acariciando la insensatez mientras le dibujaba letras en su espalda mojada por la lluvia, pensó que ya no la angustiaba verse sola. Allí seguía con los dedos arrugados por las gotas frías, recorriendo los caminos que se podían ver a través de las grietas de sus huellas dactilares, creando un cuento tenebroso que contar. Era una mujer nueva que reía sin miedo a despertar las sombras. Una mujer que ya no caminaba de puntillas por miedo a que el suelo se callera arrastrándola a un campo de batalla clandestino. Ya no le daba miedo el amor, ese gran compañero hijo de puta que siempre tiene algo que decir acerca de su vida solitaria.
Todo da igual por el momento. Ni siquiera sus propias cicatrices sangran, tampoco intenta cubrirlas de sal. Habla con las paredes llenas de cuadros con fotos familiares, ésas que poco a poco se van distorsionando con el tiempo. Escucha el caer de las hojas de papel haciendo que sus oídos quiebren y estallen como altavoces sensibles al sonido. Besa manos en busca de labios que hayan sido agrietados con desamor y soledad.. como los suyos. Nada entre lágrimas de antaño en una piscina casi interminable y profunda... sin salvavidas al que agarrarse.
Y aún así cree que es feliz.
Pero las cosas no son como ella las ve. No corre sangre por sus venas.. sólo horchata que con consentimiento propio, ocupa su lugar. Las paredes son sus únicas confiendentes y aún así, teme que cuenten todos sus secretos. Las manos a las que besa son manos muertas que habitan en lo más profundo del Tártaro.. almas a merced del Hades que agrientan su rostro para mostrarse como verdaderamente son. Esos labios agrietados se convierten en fauces que con el mínimo de descuido, la engullen y hacen que desaparezca bajo una tumba de papel, mojado por esa misma lluvia que disfrutaba hace un momento...
Todo da igual por el momento. Ni siquiera sus propias cicatrices sangran, tampoco intenta cubrirlas de sal. Habla con las paredes llenas de cuadros con fotos familiares, ésas que poco a poco se van distorsionando con el tiempo. Escucha el caer de las hojas de papel haciendo que sus oídos quiebren y estallen como altavoces sensibles al sonido. Besa manos en busca de labios que hayan sido agrietados con desamor y soledad.. como los suyos. Nada entre lágrimas de antaño en una piscina casi interminable y profunda... sin salvavidas al que agarrarse.
Y aún así cree que es feliz.
Pero las cosas no son como ella las ve. No corre sangre por sus venas.. sólo horchata que con consentimiento propio, ocupa su lugar. Las paredes son sus únicas confiendentes y aún así, teme que cuenten todos sus secretos. Las manos a las que besa son manos muertas que habitan en lo más profundo del Tártaro.. almas a merced del Hades que agrientan su rostro para mostrarse como verdaderamente son. Esos labios agrietados se convierten en fauces que con el mínimo de descuido, la engullen y hacen que desaparezca bajo una tumba de papel, mojado por esa misma lluvia que disfrutaba hace un momento...

