domingo, 17 de julio de 2011

Manzanas-peras

En un círculo donde nada puede ser imperfecto, salirse del tiesto puede provocar diferencias entre los miembros de la cesta de Navidad.
A los que llamamos con etiquetas grabadas en su frente, se les concede el papel de guardianes de la cordialidad dentro de esta cesta absurda. Y a los que no les importa estar dentro y fuera de la locura y la espontaneidad, se les arrebata el derecho a equivocarse y rectificar.


Seres perfectos son los que no comenten errores, son los que enmiendan los de los demás. Sin embargo, este título no es gratuito. Se requieren méritos de desdén y desprecio hacia los que no cumplen con las expectativas que se les ha asignado. El orgullo de formar parte de este súper grupo, convierte la admiración en un trabajo que mantener y cuidar, y que convierte a los iguales en simples súbditos desde su visión altiva.
Incapaces de ver su metamorfosis, acusan a los que ponen los pies más allá del tiesto para tocar con sus dedos la hierba mojada, y condenan su propia libertad creyendo que todo es un libertinaje que debe acabar. Ignorando que, con tal de complacer a lo establecido, obedecen sin saber realmente quienes son; no han dejado descubrirse.


Manzanas-peras se le llama a la ambigüedad afiliada con los que se creen perfectos, ya que esto los hace más imperfectos que cualquiera al no estar clara su asignación y aparentar ser seres perfectamente ubicados en el centro de esta cesta, en la que poca fruta es madura y mucha está podrida.