Hoy es lunes, martes, miércoles, quizá jueves o viernes. Aquí el tiempo no es importante, ni siquiera lo que ocurre ahí fuera.
He salido a la calle y todo es silencio. Por más que grito, nadie me oye y aunque saben que me están viendo, no reaccionan ante mi notable desesperación. No ven lo que se avecina, se tapan los ojos y sonríen con gesto hipócrita ante mí. Todo está cubierto por una fina sábana de plástico, protegiendo lo que es débil y reforzando lo duro, haciendo que el miedo también sea tapiado por falsas esperanzas y mentiras piadosas.
Las respuestas a las preguntas que lanzo como anzuelos a este mar infestado de tiburones, son contestadas con desprecios, reforzados por sentimientos de culpa. Las palabras duras que escribí en un papel de acero inoxidable me han sido devueltas en forma de yunque; reproches propios del odio a uno mismo. Y ¿qué decir de las cartas de amor escritas con sangre, exprimida directamente del corazón? El perfecto zumo de la vida plena. Un zumo escaso que ha sido malgastado en millones de páginas sin remitente ni dirección.
Me he hecho daño muchas veces sólo por tener esperanzas; unas esperanzas que se han ido desinflando mientras mis párpados se cansaban de llorar. Y ahora que ya no lloro, el recuerdo es mi mayor verdugo que a veces impregna de miel la parte más amarga de mi corazón; aquella que está vacía y deshidratada de tanto exprimirla. Sin duda una pérdida de tiempo ya que por ella ya no siento y aunque quisiera sentir, es difícil quitar esa fina sábana de plástico que ahora, actúa de relleno en los agujeros de mis arterias que han sido atravesados por la soledad y el desprecio al patético miedo; creándome así una coraza que transmite mi mayor obra: la falsa felicidad.
lunes, 29 de marzo de 2010
domingo, 7 de marzo de 2010
Perfume barato
Entre los escombros de una vieja casa se suelen encontrar recuerdos igual de antiguos que su amor propio. Antiguo y olvidado... tirado y abandonado a merced de las heridas sangrantes a la par que profundas. Y aquí, entre los cimientos rotos de aquella vieja casucha, busca su amor propio con la esperanza de que la ayude a salir de la locura que la arropa cuando está en la más triste soledad: hablándole al silencio, desahogando su alegría muerta con los surcos de una pared amarilla...Hablando con los espectros del futuro, se siente realizada mientras ensaya conversaciones que podrían suceder para estar preparada; no soportaría otra humillación más. Sin ningún control de la realidad, a veces se inunda de pequeñas gotas de perfume barato y se arropa en su cama, aferrándose a las sábanas que ha moldeado con forma humana para sentir el calor de otra persona imaginaria, besando almohadas frías.
Aún no duerme, pero sueña despierta, creando una situación repetitiva para ella; una recreación de una de sus más traicioneras esperanzas: Con los ojos abiertos bajo la oscuridad de una habitación cerrada a cal y canto, ve otros ojos vidriosos... como los suyos y de repente sus manos se transforman en otras, con otro tacto, creando cuatro manos enlazadas como el alambre de espino en una verja.
Aún no duerme, pero sueña despierta, creando una situación repetitiva para ella; una recreación de una de sus más traicioneras esperanzas: Con los ojos abiertos bajo la oscuridad de una habitación cerrada a cal y canto, ve otros ojos vidriosos... como los suyos y de repente sus manos se transforman en otras, con otro tacto, creando cuatro manos enlazadas como el alambre de espino en una verja.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Drama satírico
Luchando con los fantasmas de sus sueños, se encuentra con la mañana, y es que la esperanza no llama a su puerta. Esto hace que le importe cada vez menos sentir esa sensación de vacío que le produce la falta de cariño; una necesidad que poco a poco se va convirtiendo en frialdad y desprecio a todo sentimiento relacionado con el amor eterno.
¡Qué mentira tan grande! Nada es para siempre y mucho menos el amor; sentimiento que conlleva al fracaso y a la desolación. Sentimiento en el que nos refugiamos, haciéndonos débiles al mundo, alzando los brazos desde el borde de una altísima torre de felicidad plastificada de la que nos tiramos con la esperanza de volar. Y mientras caes todo es maravilloso, hermoso, perfecto... hasta que la cabeza estalla contra el firme suelo y esparce los sesos sumergidos en este drama satírico lleno de hipocresía creada por uno mismo.
Una malnutrición del alma que busca desesperada alguna mínima esperanza de recuperar el aplomo de la cordura y la razón para volver a ser independiente de pensamiento y corazón; algo que había sido ocupado íntegramente por la persona amada estúpidamente. Un grado de estupidez que todos, en algún momento, hemos deseado o necesitado tener.
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