Lo efímero se reconstruye si recurrimos a los viejos métodos de confrontación a lo desconocido o irreconocible. El escudo formado después de aceptar lo evidente, es lo más sólido que ha dado la naturaleza para recibir golpes.
Piensa que todo es un ciclo. Un proceso natural en el que nos desenvolvemos.
No nos acordamos de cómo iniciamos este círculo y tampoco sabemos cómo lo terminaremos, sin embargo recurrimos a la esperanza cuando estamos perdidos o deseamos que todo vaya en línea recta para que así, sea más sencillo el recorrido.
Indiscutible error.
Las curvas son lo hermoso del desconcertante camino, a veces demasiado hiriente, pero otras adecuadamente imperfecto; son los momentos más felices que tenemos.
Y en este momento se encuentra. Sin tener nada especial para sonreir, con lo que tiene le basta.
Aún siente miedo, cierto. La imperfección puede volverse en contra del viento y no ser tan agradable... pero mientras venga de cara, no se desviará de la trayectoria por muy fuerte que sople.
Muy a su pesar, el próximo ciclo será iniciado por un antiguo compañero suyo. Las manecillas del reloj no son distintas de éste. Una vez completado el día, vuelve al génesis del tiempo para comenzar un nuevo amanecer, sin que importe el moribundo aviso meteorológico.
