martes, 12 de octubre de 2010

Una estupidez emocional

Desconcertante la sonrisa de un niño mientras llora, cuando una madurez temprana se asienta en su mirada; la entereza de los más débiles te hace sentir insignificante.
Si hubiese aprendido esta lección de su pequeño e inocente maestro, comprendería que es sólo un sentimiento... un vacío instantáneo y efímero, una estupidez emocional.

Quisiera ser más descuidada, despistada e incoherente, pero su naturaleza de samaritana impide otros tipos de manías persecutorias.
Depender de qué color amanece la mañana para saber cómo conjuntar su vestido a rayas, no le está dando resultado. Pobre... tendrá que conformarse con el simple tacto de las alas de una mariposa. La sindactilia en sus manos, las hace únicas a la par que extrañas. Una mutación genética que la obliga a conservar viejas costumbres.

No sabe cómo debe afrontarlas ni si debe ignorarlas. Siempre le recorrerá un cosquilleo en el estómago cuando vea que las partituras se borran con la lluvia, que los aviones se estrellan o cuando se sienta tan inútil como para desaparecer. Sin embargo, existen copias de las notas que palpa en su garganta, los aviones pueden flotar en el agua y siempre hay alguien que la hace sentirse importante aunque no se diga con palabras.

Una contradicción viva que conoce las estupideces emocionales como si hubiesen sido creadas por ella misma. Aquella que con la aproximación inexistente de explanadas rocosas, camina descalza para que cuando caiga, pueda seguir sitiendo cómo se pelan sus rodillas con el roce del suelo.