Entre los escombros de una vieja casa se suelen encontrar recuerdos igual de antiguos que su amor propio. Antiguo y olvidado... tirado y abandonado a merced de las heridas sangrantes a la par que profundas. Y aquí, entre los cimientos rotos de aquella vieja casucha, busca su amor propio con la esperanza de que la ayude a salir de la locura que la arropa cuando está en la más triste soledad: hablándole al silencio, desahogando su alegría muerta con los surcos de una pared amarilla...Hablando con los espectros del futuro, se siente realizada mientras ensaya conversaciones que podrían suceder para estar preparada; no soportaría otra humillación más. Sin ningún control de la realidad, a veces se inunda de pequeñas gotas de perfume barato y se arropa en su cama, aferrándose a las sábanas que ha moldeado con forma humana para sentir el calor de otra persona imaginaria, besando almohadas frías.
Aún no duerme, pero sueña despierta, creando una situación repetitiva para ella; una recreación de una de sus más traicioneras esperanzas: Con los ojos abiertos bajo la oscuridad de una habitación cerrada a cal y canto, ve otros ojos vidriosos... como los suyos y de repente sus manos se transforman en otras, con otro tacto, creando cuatro manos enlazadas como el alambre de espino en una verja.
Aún no duerme, pero sueña despierta, creando una situación repetitiva para ella; una recreación de una de sus más traicioneras esperanzas: Con los ojos abiertos bajo la oscuridad de una habitación cerrada a cal y canto, ve otros ojos vidriosos... como los suyos y de repente sus manos se transforman en otras, con otro tacto, creando cuatro manos enlazadas como el alambre de espino en una verja.
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