miércoles, 3 de marzo de 2010

Drama satírico


Luchando con los fantasmas de sus sueños, se encuentra con la mañana, y es que la esperanza no llama a su puerta. Esto hace que le importe cada vez menos sentir esa sensación de vacío que le produce la falta de cariño; una necesidad que poco a poco se va convirtiendo en frialdad y desprecio a todo sentimiento relacionado con el amor eterno.

¡Qué mentira tan grande! Nada es para siempre y mucho menos el amor; sentimiento que conlleva al fracaso y a la desolación. Sentimiento en el que nos refugiamos, haciéndonos débiles al mundo, alzando los brazos desde el borde de una altísima torre de felicidad plastificada de la que nos tiramos con la esperanza de volar. Y mientras caes todo es maravilloso, hermoso, perfecto... hasta que la cabeza estalla contra el firme suelo y esparce los sesos sumergidos en este drama satírico lleno de hipocresía creada por uno mismo.

Una malnutrición del alma que busca desesperada alguna mínima esperanza de recuperar el aplomo de la cordura y la razón para volver a ser independiente de pensamiento y corazón; algo que había sido ocupado íntegramente por la persona amada estúpidamente. Un grado de estupidez que todos, en algún momento, hemos deseado o necesitado tener.

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