viernes, 1 de enero de 2010

Patético

Miradas vacías o quizá perdidas entre los pétalos negros de una rosa marchita. En aquel jardín donde solo había insertidumbre por saber quién sería la próxima víctima de las espinas afiladas cubiertas de sangre fresca. Alma poderosa e inexistente que vaga por las calles buscando luz propia jamás encontrada y que quizá se canse de hayarla.

Tirados en el suelo frío, con la vista fija en el techo que se agrieta sobre ellos, con las manos húmedas y cansadas de tanto señalar, con la vista inexplicablemente cuerda ante el humo del suave y ligero tóxico de su ventana cerrada, con la vida en un péndulo de madera.

Sin saber cuánto sol hará mañana, beben sin descanso, ¿para qué lamentarse si ya no hay nada por lo que alzar la vista hacia el cielo? Terminará lloviendo, como siempre. Sea aquí o más allá de la verja que limita nuestra vereda, acabará lloviendo como todos los fines de semana de todos los meses del año. Llevar el protector paraguas es una opción casi inhumana si sabemos que no nos importará o si lo creemos; porque la vida de alguien casi oscuro y solitario no es fácil. Se tiene que tener cuidado de no mezclarse con el pateticismo del mundo pero tampoco con lo formal del momento. Y aún así vuelve a ser patético.

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