Siempre pensando en los demás, incluso en los que no la han nombrado más de dos veces. Siempre comparándose o intentando ser tan interesante como sus amigos a los que a veces imita en su forma de ser para sentirse alguien. Y es que muchas veces no sabe dónde empieza a ser ella y dónde terminan sus espejismos de doble cristal. Estando sentada en frente de la televisión intuye que toda su vida se basa en eso; en sostenerse los párpados con pinzas de acero inoxidable para absorver todo lo que ve y dejar de lado lo que siente.
Alguien que repudia sentir. Son demasiadas las veces que se a precipitado para luego no conseguir nada. Al fin y al cabo nunca ha hecho más que mirar y ser espectadora de su propia vida que infinidad de veces ha dejado que los demás la vivan por ella. Se ha convertido en polvo sucio al que nadie le presta mucha atención, ¿para qué? Si las aguas de este mar le dan escalofríos y la sal escuece todo símbolo de lucha interior. ¿Para qué? Si cuando busca ayuda se encierra en un callejón sin salida oscuro y maloliente. ¿Para qué? Si poco a poco se va cabando su propia tumba que nunca recibirá flores frescas después de año y medio de penumbra.
Despojo humano al que no se merece que la llamen persona cuerda o sana. Estorbo considerable que no sirve para nada ni siquiera para hacer bulto en una lista de nombres. Peste que espanta todo cuanto quiere o le interesa sólo por ser como es y aún así lo que piensa es que la humanidad es imbécil. La sociedad cruel de los que muchos se quejan fue creada por ellos mismos, una sociedad superficial de la que está bastante cansada. Ellos, nosotros, todos hemos creado esos espejismos de doble cristal por los que vemos la vida de los demás para luego mirar hacia atrás y compararlas con la nuestra y así imitar o rectificar lo que hemos hecho mal a partir de esos espejismos. Espejismos que no son propios de ella, espejismos transparentes que nadie ve hasta que se sienten lo suficientemente invisibles.
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