Hoy es lunes, martes, miércoles, quizá jueves o viernes. Aquí el tiempo no es importante, ni siquiera lo que ocurre ahí fuera.
He salido a la calle y todo es silencio. Por más que grito, nadie me oye y aunque saben que me están viendo, no reaccionan ante mi notable desesperación. No ven lo que se avecina, se tapan los ojos y sonríen con gesto hipócrita ante mí. Todo está cubierto por una fina sábana de plástico, protegiendo lo que es débil y reforzando lo duro, haciendo que el miedo también sea tapiado por falsas esperanzas y mentiras piadosas.
Las respuestas a las preguntas que lanzo como anzuelos a este mar infestado de tiburones, son contestadas con desprecios, reforzados por sentimientos de culpa. Las palabras duras que escribí en un papel de acero inoxidable me han sido devueltas en forma de yunque; reproches propios del odio a uno mismo. Y ¿qué decir de las cartas de amor escritas con sangre, exprimida directamente del corazón? El perfecto zumo de la vida plena. Un zumo escaso que ha sido malgastado en millones de páginas sin remitente ni dirección.
Me he hecho daño muchas veces sólo por tener esperanzas; unas esperanzas que se han ido desinflando mientras mis párpados se cansaban de llorar. Y ahora que ya no lloro, el recuerdo es mi mayor verdugo que a veces impregna de miel la parte más amarga de mi corazón; aquella que está vacía y deshidratada de tanto exprimirla. Sin duda una pérdida de tiempo ya que por ella ya no siento y aunque quisiera sentir, es difícil quitar esa fina sábana de plástico que ahora, actúa de relleno en los agujeros de mis arterias que han sido atravesados por la soledad y el desprecio al patético miedo; creándome así una coraza que transmite mi mayor obra: la falsa felicidad.

Falsa felicidad... Un viejo amigo.
ResponderEliminarEl texto me gusta bastante ¡Buen Trabajo y a seguir mejorando?
mmm... me suena la primera flase ¿De donde sera? xD